Existe ya extensa evidencia científica de las condiciones adversas que el ser humano enfrentará de no tomar medidas para proteger los recursos naturales y el medio ambiente. Pero aún para aquellos escépticos, sea esto una moda pasajera o una verdad empírica, la realidad nos indica que la sustentabilidad es la nueva tendencia de hacer negocios en el mundo y la frase “renovarse o morir” no podría tener una más clara aplicación que este hecho. Las empresas que no adopten el concepto de la sustentabilidad y su triple línea base (que consiste en procurar la rentabilidad económica de su negocio de la mano de un buen desempeño ambiental y un bienestar a la sociedad con la que interactúa) corren el fuerte riesgo de eventualmente ser negocios obsoletos o marginados.
El rumbo del desarrollo económico mundial inicia ya una transición hacia las llamadas “economías de bajo carbono” o “economías verdes” que demandará hacer caso a esa triple línea base y pronto será una cuestión competitiva para las empresas estar a la vanguardia en (1) el uso de tecnologías limpias, (2) la eficiencia energética y (3) la implementación de procesos de mejora continua de desempeño ambiental por mencionar algunos. Será cada vez más recurrente ver a grandes empresas exigir a sus proveedores el cumplimiento de ciertos criterios de calidad ambiental. Desde otra perspectiva, los consumidores finales poco a poco también serán más conscientes y considerarán dentro de su decisión de compra qué producto daña menos el medio ambiente o su impacto en la salud. Por otro lado, el público inversionista comienza ya a exigir a las empresas de las que son accionistas que publiquen información sobre su desempeño sustentable y cada vez son más las instituciones financieras que en el otorgamiento de créditos exigen condiciones de cumplimiento con altos estándares ambientales.
En México, el costo del deterioro ambiental incluso nos indica una razón más para dar prioridad al tema. El agotamiento de los recursos naturales y la degradación del medio ambiente relacionados con procesos productivos representan un costo anual de 941 mil 670 millones de pesos, equivalente al 7.9 por ciento del Producto Interno Bruto, de acuerdo con las más recientes estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estos costos equivalen a los montos en los que tendría que incurrir la sociedad para remediar, restituir o prevenir el agotamiento de los recursos naturales y la degradación al medio ambiente. A esto se le debe agregar que México es considerado uno de los países más vulnerables a los efectos que pudiera ocasionar el calentamiento global por lo que es razonable anticipar que estas cifras irán a la alza en los próximos años, obvio, si no se hace algo al respecto. Pero lejos de ser pesimistas, estos datos al mismo tiempo que deben ser vistos como una llamada de alerta son también áreas de oportunidad para el desarrollo de nuevos negocios y establecer ventajas competitivas. Oportunidades para mejorar la economía propia y la de nuestro país, generar un bienestar para nuestra sociedad -afectada por tantas problemáticas- y un mejor planeta para nuestras futuras generaciones.